martes, 12 de noviembre de 2013

Corpórea desolación


Dónde estaba Dios cuando dejé de verte
cuando de mi boca no salieron sonidos sino alas rotas
cuando se secó la fuente de los labios
y se hizo polvo el deseo
dónde estaba él a las 10 de la noche
estaría durmiendo la siesta luego de sorber una copa de vino
o estaría escribiendo una apología en el cuadernos de los agnósticos
para  que al leerla supieran que todo cuanto se dice de él es un poema
dónde estaba Dios cuando cayó el jardín de estrellas
cuando seguí las luces pétreas de los semáforos
uno tras otro formando el ejercito de luz de la ciudad en la avenida
él no estaba o se hizo ciego
no quiso oír nuestros últimos suspiros
ni ser testigo cuando nos alejamos
dónde está sino en la cama
escuchando caer las hojas del otoño empujadas por el viento
discurriendo el territorio de la piel de Magdalena
escuchando a Bach en medio de su alcoba
para él ya no existimos
en qué momento se alejó como la lluvia
como las nubes abren paso al azul de la tarde en noviembre
dónde está él sino en la usencia de los sueños
en la sangre que revoluciona el cuerpo
en el corazón que palpita sin hace ruido

dónde se ocultó cuando dejé de verte.

miércoles, 6 de noviembre de 2013


A tantas horas
el amor de mi vida se dio por vencido
bajó los brazos y se fue de aquí
apagó las luces de la casa
salió lentamente de la habitación
corrió las cortinas y salió
se fue a otro libro
 a otra página donde dormir la siesta
salió porque el espacio libre le hacía estorbo
porque el silencio le provocaba dolores de cabeza
y se cansó  que el color pastel del techo nunca se volviera nubes.

A tantos días
quisiera decir que extraño su silueta
el disparate bíblico después de hacer el amor
podría decir que sigo buscando en la almohada los mensajes en braille
las mil y un formas de despertar los domingos
las charlas en duermevelas antes de ir a dormir
las cartografías trazadas sobre su espalda
y los cientos de veces que un beso incendiara todo a su paso
a las diletantes formas de descubrir los días.

A tantos años
sigo escribiendo
dibujando en los pasos de la noche las coreografías de los sentidos
escuchando los conciertos de silencio al apagar la luz
viendo en sus ojos navegar al sol
y sigo descubriendo el mundo al voltear el reloj de arena
a tanto, tantos años pese a su partida
el eco de su voz se extiende en esta casa
en los prados, en esteros
en los mares de alas de colibríes esparcidas en la cama
en las formas caprichosas que forma el amor cuando se asoma

a tantos años, siguen siendo días las horas.

martes, 27 de agosto de 2013

Con soberana libertad
tu boca hace un año se alejó
con sangre como esta
la cual no brota en botones
en fuentes del claustro
donde corren los espasmos
las flores son mediodía
de la desdicha primitiva
no espero convertir como los peces
el lenguaje en grafías sin sombra
tentaciones escritas en la espalda
de un atardecer lluvioso
desde la mirada inamovible  
las iniquidades soplan en el dorso de la calle
arrebatos que mendigan algunos labios
ayer te soñé
hace tiempo no lo hacía
quiero no decir las palabras de tu nombre
de poemas de piedra
arrasando con el tiempo
en medio del dolor llegaste a enfriar el alma
como tempano de papel en blanco
no extraño la ausencia
luz eres silencio
disipación del poeta
hablo con la voz oculta en los sonidos
con palabras agotadas por la noche
por hojas derretidas sin luz
otra vez en oscuridad
huyo de ti
de la soledad que acompaña

los vestigios de la piel.

martes, 30 de julio de 2013

Imposible otra manera

Esta suposición de soledad
no es por falta de compañía
es temor a provocar angustia
en oleajes de sangre envenenada  
no es impaciencia a descubrir las sábanas
a saberme cómplices del silencio
ni el reflejo de diamantes en el rostro
descubriendo el valor de una sonrisa
ni siquiera las ganas de estar a solas
todas son suposiciones
argumentos guardados en libros
y recados escritos en paredes.

Si todo cuanto se dice de mí es cierto
habrá un lugar propicio para encontrar al amor
si verme caminar a solas rompe con el viento
nada quedará en la imagen de las calles
donde infantes vuelan las cometas
como veleros desafiando al agua.

Si todas las suposiciones son ciertas
hasta el hambre de amanecer con otro
perpetuará la especie en las nubes
en ríos derritiendo cuerpos a media luz
si alguna pretensión tengo
es por caminar sin prisa
como el momento en que se revela una fotografía
haciendo grande la cicatriz en la memoria
o la voz naufragando en los espejos
que seducen al sonido.

No hay espacio soledad en el cuerpo
si hasta el sueño del alba
es cadencia de palabras escritas en tintas incendiadas
en almas que se juntan al terminar la fiesta
cuando abro los ojos no hay nada
aíslo el eco de los pájaros  
como coincidencia de la música
como sombra apostando en la ruleta
sin saber cuándo jugará con otro.

Para arrastrar los labios
nombro minúsculos sonidos
diciendo amor con todas sus letras
en tanto el tiempo se interrumpe
y la brújula de los sentidos
es el árbol genealógico de la inocencia

floreciendo en botones de lilas.

martes, 2 de julio de 2013

Estas horas

Este acto subversivo que sale de mis labios, que no tiene freno y sube al punto más alto de la palabra es un pacto poético de soledad. Esta forma inacabada de decir que existo, de romper la complacencia, de acabar con el enfado y las buenas costumbres es un pasatiempo que cruza la avenida de la indecencia y el escándalo del ego. Esa manía tan mía de caminar bajo la banqueta a diferencia de los arbustos y la pasividad de las lámparas arruina el escenario del transeúnte que busca lo que no que no encuentra porque está ciego, porque está conforme.

Esa patología indecente de estar desnudo de ideas se vuelve una tormenta en los bordes de la lengua, esa forma de verme, de entender que la lucha es inefable, intransferible y pueril carcome mi cerebro. Eso de saber que no termino ni comienzo a entender el mundo escribiendo prosas en la proa de barcos de papel comienza a dejar secuelas grabes en la memoria, eso de ser una ave que no pide permiso al viento para volar, eso de saberme frágil y traslúcido irrita hasta la luz que a veces opaca el sol mandando nubes para ganar tiempo, no quiero permiso por ser diferente porque no quiero pedirlo, porque nadie es autoridad aún en el propio cuerpo incluso cuando se vive rodeado de vacío.

Estas letras salpicadas de giros, ruborizada por los acentos, por esdrújulas y disonantes formas, por arquetipos y diminutivos, por ensayos y disertaciones, por tesis y suposiciones, por nomenclaturas y fórmulas, por calificativos  y sublimaciones, por caligrafías y motes son el  escondrijo del que escribe y una afrenta a la libertad.

Eso de salir a la calle, vestirse  de noche con la más ajustada ropa que incluso estorba cuando se esta a punto de quedar desnudo es una provocación a la tentación de los muchos que sienten en cada mirada convertirse más en estatuas de sal porque son deseo y tentaciones.

Estas palabras y maneras de salir de casa, de caminar, de vestirse y desvestirse, esta forma de mezclar colores en el negro del cuerpo y en el rojo infectado que corre por mis venas, esta filantropía de dar bendiciones a los peces hasta hablar en su propio idioma eleva al grado de angustia lo que las olas no han podido entender en el océano.

Esta simulación de no pasa nada, del orden, de la adherencia, de complacencia, de simpatía y el activismo. Esta idea reducida a ser un grupo reivindicado, dignificante, de apoyo, de fortaleza de papel es la hidra que tiene mil cabezas y una lengua en forma de delta que no da agua sólo piedras. Este rojo pintado de sangre es un veneno a las 10 de la noche, hora en que en que aparecen dos fantasmas a consolar el cuerpo vestidos en píldoras.

Estas líneas desgastadas por los años, pasajes mil veces pisados, hojas arrancadas de los dedos de los árboles y ensimismados en los sueños de super héroes de historietas, son remolinos de arena que envuelven la luz hasta el umbral, hasta que la forma de los cuerpos es una arquitectura invertida que empieza en los cimientos del cielo.

Esta es una forma de morirse poco, en cada beso, en cada sonrisa, en cada sueño apaciguado en la desnudez del cuarto la siguiente mañana; es crucigrama que se lee al revés para agotar el tiempo, para ver la vida pasar mientras la duda es argumento de la soledad. Esta voz es un intento que está ahora escrito en la piel.

A menos que fuera necesario terminaría por escribir una carta a los poetas para que dejasen de soñar, pondría tinta en las alas de las mariposas para que al volar pintaran otros mundos, traería del patio de tu casa racimos de algodones para guardarlos bajo la almohada y que las ideas no durmieran al ras de los cuadernos. Haría una fiesta iluminada por luciérnagas donde la música del viento soplara en dirección contraria a los suspiros, a los tonos disidentes de los amantes  y a los ruidos extraños que provoca el viento sobre el campo.

Saltaría de la cama antes que volvieran los recuerdos amarrados a las plumas de palomas y las caricias de los enamorados se fundieran como piedras en el manto de la tierra o haría que aparecieras como la última noche que te vi junto a la ventana fumando un cigarrillo; evitaría oírte, tomaría distancia entre la anécdota y la suposición que son al final del día un crucigrama pintado en blanco.

Descubriría el camino que siguen los meteoros antes de viajar al firmamento, donde la luz se escurre hasta volverse oscura. De ser posible, sería el fuego que abraza las rocas en el centro de la tierra, o una migaja abandonada en la creación del mundo, esperaría desde la aurora brotara el  pasto donde se enamoran los novios y bailan las flores.

A menos que nada existiese, que la idea del cuerpo terminara o se manchara con sombras hasta hacerse el amor en un día soleado y fuéramos un lenguaje distinto al nuestro, entraría en un cuerpo hasta que el rojo de la sangre humedeciera el desierto de otro cuerpo.


A menos que fuera necesario, sería como una letra impresa en hojas secas y viajaría hasta el atlántico  para abrazar al agua.

miércoles, 26 de junio de 2013

De alas palabras

Vengo de la noche
del jardín de las sombras
de los sótanos y los párpados
de gotas que escurren por la frente
hasta el naufragio en la pelvis de los niños
de prosa tejidas en alas
atravesando el laberinto en cada palabra,
de espejos que refractan fantasmas
de piel mojada en verano
y de la caligrafía censurada por el agua
de hacer hogueras en la penumbra
porque estoy como los hilos que le salen a un cometa
como el manto azul marino que anuncia el alba
salgo entre la gente que no quiere detener el tiempo
porque las horas duermen plácidas
vengo de los besos del pasado
de los agujeros de la voz
de estar desnudo con la niebla
y los destellos lúgubres de las velas
entro en tu mundo
en el mapa inmarcesible de los labios
en la soledad
en el otoño de tus ojos
en las hojas esparcidas por los árboles al final de octubre
en la carne de la noche
crisálida prometiendo vestirse de luz
vengo  de los cuartos sin techo
donde el eco es alma
salgo a jugar con la tarde
a colorear de deseo el cuerpo
vengo de otro tiempo y otra mañana sin ventisca
de esquirlas del sonido
y rastros tatuados en sábanas
escribo una carta al viento
que vuela con las aves
para que escuches pronto los suspiros del sol
de la música y la súplica
de metáforas en papeles arrugados
corazón en el cuerpo de otras soledades
del laberinto de mis infiernos
cada que vuelvo a escuchar
un murmullo de lo que somos
la fe de pájaros heridos
sangre pintada de sangre
libélulas cruzando el cielo
un miedo y luminoso deseo
escrito en silencio.

miércoles, 8 de mayo de 2013

De nuestras soledades 
de los encuentros fugaces 
llevo un rosario furtivo
colgado en el alma 
y resulta que la intuición del silencio
es amante o cómplice 
del deseo
torbellino que termina en la sábana
quiero apartarme 
no dar tiempo a la luz
de formar sombras 
provocar que el silencio
se traduzca en distancia
despertar la cólera de la inquietud
en medio del sótano de la tentación
jugar a ser niños 
con hojas de árboles
donde se escriban epitafios 
en memoria de lo que no somos.

viernes, 26 de abril de 2013


Condimentando historias, letras y gastronomía

el recetario de lectococina


Las letras y la gastronomía se encuentran develando sus misterios. En cada cucharada, en cada hervor, habrá quien condimente las recetas con libros y palabras y encuentre a los alquimistas del paladar dentro de las ollas.

Debo confesar que hablar de cocina y letras me remite indiscutiblemente al origen, a mis primeros días de vida, al primer sabor, a los sentidos, a descubrir con el olfato, el tacto, el oído, la vista y el gusto un invento casi mitológico fundacional de las civilizaciones del mundo, la cocina. Para degustarla me he dado a la tarea de abrir la caja de pandora donde habitan todos los placeres terrenales, y es que, quién puede resistirse a no caer en la tentación de destapar, pasado el medio día, una olla con un estofado bien caliente servido con paciencia y preparado con amor, ese es el condimento clave.

También, debo confesar que la idea más original de la cocina la aprendí al calor del fogón, cuando mi abuela preparaba la comida para ocasiones especiales, esa cuando se mezclaban risotadas, música, abrazos y la sal, siempre la sal descubrimiento que permitió el avance de los pueblos y que permitió a los sabores  redefinir  los paladares, crear un propio lenguaje dicotómico y polarizante, lo dulce y lo salado.

Puedo decir que en el principio fue el fuego, después la sazón. La literatura y la cocina no están disociadas una de la otra, han ido a la par, una para alimenta al intelecto y la otra al cuerpo. La sola idea de los olores y las formas, las texturas y los nombres puede ser equiparable a un diccionario escrito y degustado por quienes hacen del sabor la química de la materia.

No es necesario un plato ni un pedazo de hoja de elote para advertir que en el principio el hombre surgió de una planta de maíz, hizo sus huesos con  espigas y aprendió de las semillas la idea racional de su existencia, le dio luego por caminar entre los surcos y distinguir los colores en el matrimonio casi inmediato de la forma y la textura, así se inventó el mundo, así en Mesoamérica y en recuerdo de ese evento fortuito, cada que se come un grano de maíz revivimos el suceso escribiendo el génesis en una tortilla.

Cundo pruebo en el viento, el aroma del ajonjolí tostado o las especias salidas a veces por serendipia de un costal de imaginación que solamente a las abuelas les  ha sido conferido para preservar las recetas y secretos milenarios de generación en generación. Recuerdo una cocina repleta de utensilios y humo a su alrededor imitando el paraíso en medio de las nubes. Quién diría que en su espesa niebla se conjugan la magia y el oficio y por añadidura, las letras salpimentadas con recuerdos de fines de semana.

La cocina es también el Macondo donde se esconden los dioses de los sabores, la cocoa o las ramas de hierbas de olor para enjugar en el tiempo los recuerdos inagotables que una vez soñaran nuestros padres allende la creación. Es el lugar predilecto de lo exótico y lo sensual. No hay cocinera o cocinero que no sienta al mezclar los sabores una suerte de orgasmo similar a la comunión de los sexos. Todo empieza por la vista, por el tacto y termina en los labios igual que lo hace un amante al  dar un beso a su pareja cuando se encuentran.

El oficio de cocinar tuvo que ser obra de poetas, de arquitectos de la proporción exacta o de soñadores de expresiones que hastiados de la nada se atrevieron no a descubrir la piedra filosofal sino el sustento de los días en el gesto del paladar. He ahí donde las letras y los hacedores de delicias tejen sus relaciones, no hay creador sin platillo ni idea sin expresión. En el principio fue el verbo y en el verbo alimentar la apología de las fondas, merenderos, restaurantes y del exquisito gourmet que es la vida como la conocemos.

Quien escribe unas líneas también sazona historias, las adereza, les da forma, las hace estéticas y provocadoras, y es responsable del placer sensual y contestatario del bocado, es a un tiempo, inventor y protagonista en la obra y en la mesa, es el guardián de los colores y sabores, una suerte de Quijote combatiendo a los sin sabores de cada cuento.

He sabido de buena fuente que hombres y mujeres al narrar historias en libros, prosas y ensayos justifican parte de su obra remitiéndose al menos, a un pasaje de la lírica en la cocina, si recordar es por antonomasia vivir, preparar alimentos y bebidas es hacer de la imaginación un mod gourmet. Y es que todo inicia ahí, la cocina ese el laboratorio donde se inauguran las galaxias servidas en viandas,  es la definición perfecta para comprender  como conjugar  el tiempo ser y estar en el lenguaje de los alimentos. No hay mejor forma de comprender el pasado, de recordar un momento, un encuentro o en el peor de los casos, un desencuentro, sin la idea de la comida. 

Degustar y escribir es un ejercicio que sólo a unos cuantos les ha suido permitido, y como no reconocer en los guisos y las moliendas la gesta de la celebración de la vida. Las bien acabadas obras de una cocina tradicional la que se sirven en las fiestas de los pueblos como justificación de la existencia colectiva o el hambre de un viajero devorando las exquisiteces de la calle que es en sí mismo el festín de la desesperanza y la supervivencia.

Quién no se siente atraído con los Chiles en Nogada no por los colores de la bandera nacional que es más que la querencia de la patria sino por la mezcla criolla de lo mexicano y no entenderá por ende que en cada taco se come un pedazo de historia y revive en el bocado la angustia acuciosa por la libertad. ¿Quién no siente poseedor del don de mando al paladear un mezcal o tequila? y acompañándolo con chapulines y gusanos de maguey tan valorados en la cuisine française. ¿Quién podría sacar de la memoria al beber un chileatole y no recordar un día nublado de temporal en el altiplano? o  quién en su sano juicio, renegaría del  Molli o mole, el molido mitológico de especias, chiles, condimentos y leyendas y no sentirse grande, no sentirse mexicano.

Las recetas se aderezan de historias y todas las historias se cuecen aparte.  En el ejercicio de la creación, escribir, leer y cocinar termina siendo lo mismo. Al final se alimenta el cuerpo y el alma. Cuando escucho un poema le doy un bocadillo a mi alma, cuando cocino, leo el mapa imaginario de las geografías de los sabores y la extensión volátil de los aromas.

Sé que las historias son sabrosas si las escucho y cuezo al calor de una buena charla, si las presento como aperitivos con la sonrisa de mis amigos y si antes de sentarme a la mesa cierro las páginas de mi bitácora de día para darle un bocado a mi pareja con un beso.

Siempre que escucho cocina, regreso de todos los viajes, vuelvo al recuerdo de mis viejos, a los objetos  en el patio de la casa, a la memoria de mi época de infante porque el alma vive dentro en el crisol de las cazuelas y el espíritu de los trastes y en el movimiento eterno de las molenderas, en el comal de mi abuela, en el crujir del molcajete y el metate piedras filosofales de este mi país.

No estaría aquí si estuviera solo, si no fuésemos ustedes y yo  un poco similares, si entre el oficio de escribir e imaginar sabores no tuviéramos como nación la geografía de una mesa, sino fuésemos un poco similares, seguramente sus manos y las mías estarían haciendo lo que la poesía a un no ha escrito.

Y como dirían los estridentistas en su manifiesto ¡Viva el Mole de Guajolote!














miércoles, 24 de abril de 2013

No sé lo que es
no quiero discutirlo
tal vez es amor
siempre amor
luz pasando la cortina de los ojos
intrigante como una hoja en otoño
temporal que rebustece la razón de la ceguera
sopla sobre el agua
el murmullo de los peces
cómplices eternos del llanto
la brizna apenas perceptible que dibuja la piel
no entiendo el aliento de los pájaros
siempre a tu manera perturbas al mundo
abriendo los brazos
escribes en los labios la fe y el fuego 
no sé quién eres 
ni importa 
si las aves tiran de lo alto sus historias 
para amortiguar la caída
no quiero dialogar 
ni saber cómo la luz  filtra el aura
no eres amor siete días en uno
no quiero discutirlo
si el viento se apodera de ambos  
de dos que corren juntando el alma


miércoles, 3 de abril de 2013

Alguien dijo que eras hombre
casi un niño invadido de futuro
como un remolino de saliva
desenterrado de la mar 
descubierto en cada encuentro 
ardiendo en la prosa de las flores
juegas ser asteroide por la tarde
antes de ser un jardín 
antes que te atrapen otros con sus ojos de montañas
explica qué somos esta mañana
en la multiplicación de los deseos
tal vez si anudo con tus labios
la arquitectura de la soledad de las luciérnagas 
o coagule la ceguera de los párpados
de aguamarina y niebla
alguien diga con más fuerza
que nos pertenecemos 
sin tener miedo a la fe
quiero lo sepas ya.

A quien escribe la contra parte...

martes, 2 de abril de 2013


A veces cuando sueño
abandono la naturaleza de tu cuerpo
para guardar el conjuro de la infancia
en un campo de algodones
y el primitivo sonido del agua
ahuyento los colores para salvar la oscuridad
y las oraciones que guardan  bajo el brazo los ancianos  
sueño que eres copia hecha copia de la sombra
y sol adormilado en la cama
a veces eres danza en otro cuerpo
desafío del vacío
y rostro pintado con humo
un juego de luz en la ventana
cuando cierro las cortinas
salen siluetas que forman
las revelaciones de la tarde
aves volando en círculos
enseñando que los solitarios
ocultan toda intuición en las palabras

lunes, 25 de marzo de 2013

Pacífico asombro


Regreso a mi
a los colores y al sueño
despierto en la piel
hasta sentir el alma de los girasoles
no soy desierto ni sol
ni la tela azul del firmamento
de regreso al insomnio
a los dientes de las piedras
y al remolino en medio de las hojas
a ver como en la arena se pisan asteroides
y se despojan de la ropa los sentidos

El sonido y la voz
unidos en una lengua
surcan sembradíos en la cabeza del sol
tejiendo el canto de las plantas
arquitectura de labios y ojos
discurre de una forma las tardes
que sólo las estrellas congelan  los vientos
trampas para enamorar luciérnagas
como sin darse cuenta
la ola vuelve de forma elocuente
a incitar el lenguaje perdido de los pájaros

Para no dejar salir la luz   
cierro los ojos
otra vez magia con espinas
que adolescentes conjugan en miradas
el cálido cortejo de una crisálida sacando las alas
movimiento indómito de paz
que los niños dejaron a mitad del patio
de repente regresa a mi
la tentación inconfesable
de seguir en laberinto del amor.

jueves, 21 de marzo de 2013

Tanta poesía regada en la casa 
y una maleta a punto de evitar el viaje al corazón
quién sabría que la pasión son flores de papel después de un incendio 
que extrañar el ringtone del celular anunciando tu llamada
se volvería una historia escrita en cristal
y dejarte ir por miedo a ser iguales
a vernos tatuados en cuerpos de extraños
o en mares que calman con besos tentaciones
con tantas caricias en cuerpos ajenos
he inventado un alfabeto impronunciable
si al final extrañarte
no ha permitido partir los ojos en soles
en olvidar que debo alejarme
o decir al oído,

me dejaste volver
con tanta ausencia invadiendo la cama
leyendo prosas y cuentos a escondidas
regando una maceta con gotas de luna
partiendo el tiempo 

de la calle a la sombra
una hoja en blanco con siluetas de la nada
con tanto por decir que se limita al miedo
y me dejas como en el principio
en la sábana sin alas
en una brisa 

que borra con lluvia todo intento de escribir la historia
y me dejas volver así
con murmullos de soledad.
Sólo entiendo la poesía con pies desnudos
cuerpos escribiendo el aire
¿qué sería de ti mundo sin las letras?
fantasmas y monosílabos
manchas en el inconsciente
sólo sé que los cuerpos son energía
porque visten con palabras el mundo
vestidos de aire diseñados por la lengua
un campo de flores que naufraga en movimiento
prosa
tienes ojos de estrellas
igual que los niños al despertar en las mañanas.

viernes, 1 de marzo de 2013


In motion

El oficio de estorbar sombras
despierta la mañana  tendida sobre el piso
luz no temas abrazar el cielo
duerme hasta esperar la tarde
esto de moverse con el corazón
terminar alzando los brazos para detener la oscuridad
se vuelve silogismo en espejos
amor que no alcanza a salir por la boca
este oficio de ser movimiento 
 arquitectura impaciente
amor  en los latidos

jueves, 7 de febrero de 2013

Algunas veces


Yo solía ser una hoja de papel 
en medio de un salón de clases 
hasta que se inventaron las pantallas de plasma 
y hasta que los circuitos electrónicos declararon la guerra a la tranquilidad,
solía correr encima de túneles cavados por recuerdos 
hechos surcos de aire 
como lo hacen los peces en el agua

Solía leer cuerpos reinventando el braille 
soltar libros escondidos en cajones 
y hacer tormentas en las pupilas de los niños
una especie de desierto que el sol asfixia 
solía no dar los buenos días
por temor a que la noche conspirara 
contra el alba

Después de romper un espejo
las estrellas se despojan de luz 
para incendiar otras miradas
acudía con cierto espanto a ver salir el sol 
desde una ventana o un asteroide
porque en lo alto nomás el aire es cuerpo
nomás las sombras siguen
el interminable avance de la luz

Solía ser remolino de palabras 
lenguaje escrito con sentidos
escenario sin lámparas ni aplausos 
a veces planta enredando el suelo 
o un ramo de lirios y delirios
solía ser  fuego artificial
visto sobre un ave 
solía ser un niño 
ensartando cuentas 
contando danzas.

miércoles, 30 de enero de 2013

A la menor provocación haré que los árboles resguarden a las aves será al caer la tarde cuando cubra con nubes la ceguera de sus cantos leerán en las hojas prosa de adolescentes y verán al tiempo comerse las estrellas, a la menor provocación escribiré en la corteza crónicas de marchas de insectos dejaré que las plantas confundan los colores que cada soplo sea una declaración inconfesable que nadie separe a los peces del agua ni a la noche del sueño a la menor provocación seré un haz de luz flotando sobre el agua llovizna que no puede contenerse.