miércoles, 6 de noviembre de 2013


A tantas horas
el amor de mi vida se dio por vencido
bajó los brazos y se fue de aquí
apagó las luces de la casa
salió lentamente de la habitación
corrió las cortinas y salió
se fue a otro libro
 a otra página donde dormir la siesta
salió porque el espacio libre le hacía estorbo
porque el silencio le provocaba dolores de cabeza
y se cansó  que el color pastel del techo nunca se volviera nubes.

A tantos días
quisiera decir que extraño su silueta
el disparate bíblico después de hacer el amor
podría decir que sigo buscando en la almohada los mensajes en braille
las mil y un formas de despertar los domingos
las charlas en duermevelas antes de ir a dormir
las cartografías trazadas sobre su espalda
y los cientos de veces que un beso incendiara todo a su paso
a las diletantes formas de descubrir los días.

A tantos años
sigo escribiendo
dibujando en los pasos de la noche las coreografías de los sentidos
escuchando los conciertos de silencio al apagar la luz
viendo en sus ojos navegar al sol
y sigo descubriendo el mundo al voltear el reloj de arena
a tanto, tantos años pese a su partida
el eco de su voz se extiende en esta casa
en los prados, en esteros
en los mares de alas de colibríes esparcidas en la cama
en las formas caprichosas que forma el amor cuando se asoma

a tantos años, siguen siendo días las horas.

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