De nuestras soledades
de los encuentros fugaces
llevo un rosario furtivo
colgado en el alma
y resulta que la intuición del silencio
es amante o cómplice
del deseo
torbellino que termina en la sábana
quiero apartarme
no dar tiempo a la luz
de formar sombras
provocar que el silencio
se traduzca en distancia
despertar la cólera de la inquietud
en medio del sótano de la tentación
jugar a ser niños
con hojas de árboles
donde se escriban epitafios
en memoria de lo que no somos.
miércoles, 8 de mayo de 2013
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