Hasta que los límites del universo se conviertan en esporas
y no haya distancia entre ambos más que el tacto de la piel
hasta que la noche sea una copa de cristal
y en ella quepa la bóveda celeste
o el vino de los cuerpos
sea una intuición por la mañana
y los cometas corran en la alcoba.
Hasta que los árboles no den frutos
y las hojas sean poemas para adolescentes
rociados con agua de montaña
en el jardín donde se inventa la luz en la mirada
y las caricias se transcriban en braille
con olas en racimos de tentación.
Hasta que el mar no se canse de bailar
ni los peces manifiesten su molestia al ser observados
o las frutas de otros planetas se vendan frente a casa
hasta entonces, sólo entonces
seré capaz de soportar la ausencia.
Hasta que todas las historia naufraguen
en el océano de tinta azul de un bolígrafo
o el límite del cielo se alcance con un paso;
y la idea del sexo se traduzca en todos los idiomas
tan sólo con tocar las siluetas.
Hasta que los deseos de la humanidad
se articulen en montañas,
brote de la tierra una huerta de babel
para que los unicornios sean comprendido.
Hasta ver que los cielos sean de azúcar,
el arcoíris se anude del brazo de un sillón;
hasta que las aves inventen el lenguaje de los caracoles
y el mar sea la prolongación de mis ojos
hasta tapar los celos con una cortina de besos
y la cama se convierta en un espejo
donde el calor del cuerpo registre lo que no se explica.
Hasta que nos veamos tatuados en la piel de otro
y las cigüeñas traigan noticias del nacimiento de otro sol
será posible que no sea extraña la desnudez
hasta entonces, sólo entonces
dejaré por siempre de pensar en ambos.
viernes, 22 de julio de 2011
jueves, 14 de julio de 2011
Pastillas rojas

La sinfonía de olas secas que levanta el mar muerto
despiertan la curiosidad de los sabios
con la risa de los vientos
y una tarde muriendo en los ojos de los ciegos
Al alejarse de tus manos
el mercurio de alas blancas
viste de coral la túnica
la ventisca del aliento de los mares
despliega el abanico de algas
con caballos en medio del desierto
La invención del frio viaja en tranvía
collares de durazno arreglan la cabeza de la tierra
y las flores blancas sin aroma
son piel de fantasmas
roseando de espuma la cabellera ultravioleta del sol
El bisturí de azúcar pinta de rosa la frente de las flores
las colmenas guardan néctar de estrellas en la palma de la mano
el viento despierta los océanos
acariciando lágrimas celestes.
Quizá el fondo del mar responda al eco de la noche
a la línea luminosa de corales
a los peces de naturaleza extraña
a la bóveda que hay en el corazón
a las estrellas caídas en medio de la arena
no brillan como astros
brillan porque son sueños
suspiran sombras
pecados en el manto púrpura de Dios
Pastillas rojas viajan a los pies
lo mismo que a la cien de las estatuas
la conspiración del silencio
hace presa de la voz intentando enamorarse
por entregar el cuerpo en instantes
en una caja de cristal y terciopelo negro
Así como el corazón
los labios navegan la piel
y un adolescente desnudo dibuja
la silueta de otro en su interior
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