martes, 30 de julio de 2013

Imposible otra manera

Esta suposición de soledad
no es por falta de compañía
es temor a provocar angustia
en oleajes de sangre envenenada  
no es impaciencia a descubrir las sábanas
a saberme cómplices del silencio
ni el reflejo de diamantes en el rostro
descubriendo el valor de una sonrisa
ni siquiera las ganas de estar a solas
todas son suposiciones
argumentos guardados en libros
y recados escritos en paredes.

Si todo cuanto se dice de mí es cierto
habrá un lugar propicio para encontrar al amor
si verme caminar a solas rompe con el viento
nada quedará en la imagen de las calles
donde infantes vuelan las cometas
como veleros desafiando al agua.

Si todas las suposiciones son ciertas
hasta el hambre de amanecer con otro
perpetuará la especie en las nubes
en ríos derritiendo cuerpos a media luz
si alguna pretensión tengo
es por caminar sin prisa
como el momento en que se revela una fotografía
haciendo grande la cicatriz en la memoria
o la voz naufragando en los espejos
que seducen al sonido.

No hay espacio soledad en el cuerpo
si hasta el sueño del alba
es cadencia de palabras escritas en tintas incendiadas
en almas que se juntan al terminar la fiesta
cuando abro los ojos no hay nada
aíslo el eco de los pájaros  
como coincidencia de la música
como sombra apostando en la ruleta
sin saber cuándo jugará con otro.

Para arrastrar los labios
nombro minúsculos sonidos
diciendo amor con todas sus letras
en tanto el tiempo se interrumpe
y la brújula de los sentidos
es el árbol genealógico de la inocencia

floreciendo en botones de lilas.

martes, 2 de julio de 2013

Estas horas

Este acto subversivo que sale de mis labios, que no tiene freno y sube al punto más alto de la palabra es un pacto poético de soledad. Esta forma inacabada de decir que existo, de romper la complacencia, de acabar con el enfado y las buenas costumbres es un pasatiempo que cruza la avenida de la indecencia y el escándalo del ego. Esa manía tan mía de caminar bajo la banqueta a diferencia de los arbustos y la pasividad de las lámparas arruina el escenario del transeúnte que busca lo que no que no encuentra porque está ciego, porque está conforme.

Esa patología indecente de estar desnudo de ideas se vuelve una tormenta en los bordes de la lengua, esa forma de verme, de entender que la lucha es inefable, intransferible y pueril carcome mi cerebro. Eso de saber que no termino ni comienzo a entender el mundo escribiendo prosas en la proa de barcos de papel comienza a dejar secuelas grabes en la memoria, eso de ser una ave que no pide permiso al viento para volar, eso de saberme frágil y traslúcido irrita hasta la luz que a veces opaca el sol mandando nubes para ganar tiempo, no quiero permiso por ser diferente porque no quiero pedirlo, porque nadie es autoridad aún en el propio cuerpo incluso cuando se vive rodeado de vacío.

Estas letras salpicadas de giros, ruborizada por los acentos, por esdrújulas y disonantes formas, por arquetipos y diminutivos, por ensayos y disertaciones, por tesis y suposiciones, por nomenclaturas y fórmulas, por calificativos  y sublimaciones, por caligrafías y motes son el  escondrijo del que escribe y una afrenta a la libertad.

Eso de salir a la calle, vestirse  de noche con la más ajustada ropa que incluso estorba cuando se esta a punto de quedar desnudo es una provocación a la tentación de los muchos que sienten en cada mirada convertirse más en estatuas de sal porque son deseo y tentaciones.

Estas palabras y maneras de salir de casa, de caminar, de vestirse y desvestirse, esta forma de mezclar colores en el negro del cuerpo y en el rojo infectado que corre por mis venas, esta filantropía de dar bendiciones a los peces hasta hablar en su propio idioma eleva al grado de angustia lo que las olas no han podido entender en el océano.

Esta simulación de no pasa nada, del orden, de la adherencia, de complacencia, de simpatía y el activismo. Esta idea reducida a ser un grupo reivindicado, dignificante, de apoyo, de fortaleza de papel es la hidra que tiene mil cabezas y una lengua en forma de delta que no da agua sólo piedras. Este rojo pintado de sangre es un veneno a las 10 de la noche, hora en que en que aparecen dos fantasmas a consolar el cuerpo vestidos en píldoras.

Estas líneas desgastadas por los años, pasajes mil veces pisados, hojas arrancadas de los dedos de los árboles y ensimismados en los sueños de super héroes de historietas, son remolinos de arena que envuelven la luz hasta el umbral, hasta que la forma de los cuerpos es una arquitectura invertida que empieza en los cimientos del cielo.

Esta es una forma de morirse poco, en cada beso, en cada sonrisa, en cada sueño apaciguado en la desnudez del cuarto la siguiente mañana; es crucigrama que se lee al revés para agotar el tiempo, para ver la vida pasar mientras la duda es argumento de la soledad. Esta voz es un intento que está ahora escrito en la piel.

A menos que fuera necesario terminaría por escribir una carta a los poetas para que dejasen de soñar, pondría tinta en las alas de las mariposas para que al volar pintaran otros mundos, traería del patio de tu casa racimos de algodones para guardarlos bajo la almohada y que las ideas no durmieran al ras de los cuadernos. Haría una fiesta iluminada por luciérnagas donde la música del viento soplara en dirección contraria a los suspiros, a los tonos disidentes de los amantes  y a los ruidos extraños que provoca el viento sobre el campo.

Saltaría de la cama antes que volvieran los recuerdos amarrados a las plumas de palomas y las caricias de los enamorados se fundieran como piedras en el manto de la tierra o haría que aparecieras como la última noche que te vi junto a la ventana fumando un cigarrillo; evitaría oírte, tomaría distancia entre la anécdota y la suposición que son al final del día un crucigrama pintado en blanco.

Descubriría el camino que siguen los meteoros antes de viajar al firmamento, donde la luz se escurre hasta volverse oscura. De ser posible, sería el fuego que abraza las rocas en el centro de la tierra, o una migaja abandonada en la creación del mundo, esperaría desde la aurora brotara el  pasto donde se enamoran los novios y bailan las flores.

A menos que nada existiese, que la idea del cuerpo terminara o se manchara con sombras hasta hacerse el amor en un día soleado y fuéramos un lenguaje distinto al nuestro, entraría en un cuerpo hasta que el rojo de la sangre humedeciera el desierto de otro cuerpo.


A menos que fuera necesario, sería como una letra impresa en hojas secas y viajaría hasta el atlántico  para abrazar al agua.