viernes, 25 de marzo de 2011

Desde que

Lo que hacen decir tus ojos
para olvidar una tragedia
en su mar navegan los restos de todos los navíos.
Desde que se hizo la luz
nada surca para molestarlos
ni las tormentas ni el humo del desvelo.

En tus ojos
nadie camina sin detenerse
sigue el frio de la cama
el espejo para mirarnos dentro.
En tus ojos que tienen alas
y hacen figuras con las nubes
construyendo rostros,
bailando la danza de los vientos
corriendo sin prisa
respirando tu piel
con caricias en la mirada
tus ojos celestes.

Ver es una siesta
que no despierta al fauno con tus párpados.

En el laberinto de mil habitaciones
en la cama con rastros de despedida al amanecer
en los brazos que cobijan la pupila
en el inagotable cielo
donde el viento es más apacible
en el turquesa que se cubre tímido en tus cabellos.

After the storm

Si la historia nos hiciera caso
y borrara por completo
las huellas en el fondo del mar
con un soplo,
una linterna podría mirar dentro de los sauces y volar entre hojas.

Si nos hiciera caso
seguramente tu y yo seriamos apenas conocidos
tanto como el aire
como un relato sin tinta ni puntos,
una mirada al crepúsculo.

Debiera hacernos caso
como lo entienden los caracoles en su lenta espera de la tarde
mientras la luz es más misteriosa
y se viste de astros;
como ni el viento esperan el cambio en el semáforo
ni todos los abrazos son un milagro
ni el ánimo se detiene
o debiera escuchar otros latidos de libélulas tropezando en la hoja
con una tinta de frutos
o debiera la historia
escribirse en prosa aquí.