Hasta que los límites del universo se conviertan en esporas
y no haya distancia entre ambos más que el tacto de la piel
hasta que la noche sea una copa de cristal
y en ella quepa la bóveda celeste
o el vino de los cuerpos
sea una intuición por la mañana
y los cometas corran en la alcoba.
Hasta que los árboles no den frutos
y las hojas sean poemas para adolescentes
rociados con agua de montaña
en el jardín donde se inventa la luz en la mirada
y las caricias se transcriban en braille
con olas en racimos de tentación.
Hasta que el mar no se canse de bailar
ni los peces manifiesten su molestia al ser observados
o las frutas de otros planetas se vendan frente a casa
hasta entonces, sólo entonces
seré capaz de soportar la ausencia.
Hasta que todas las historia naufraguen
en el océano de tinta azul de un bolígrafo
o el límite del cielo se alcance con un paso;
y la idea del sexo se traduzca en todos los idiomas
tan sólo con tocar las siluetas.
Hasta que los deseos de la humanidad
se articulen en montañas,
brote de la tierra una huerta de babel
para que los unicornios sean comprendido.
Hasta ver que los cielos sean de azúcar,
el arcoíris se anude del brazo de un sillón;
hasta que las aves inventen el lenguaje de los caracoles
y el mar sea la prolongación de mis ojos
hasta tapar los celos con una cortina de besos
y la cama se convierta en un espejo
donde el calor del cuerpo registre lo que no se explica.
Hasta que nos veamos tatuados en la piel de otro
y las cigüeñas traigan noticias del nacimiento de otro sol
será posible que no sea extraña la desnudez
hasta entonces, sólo entonces
dejaré por siempre de pensar en ambos.
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