Que llegue el día en que las letras no caigan de los satélites
ni las señales de los transistores registren como polvo a las nubes,
que los girasoles se vuelvan radares para encontrar los pasos que bailara el Rey Sol
y las zapatillas de ensayo monten de improviso un vocabulario al escuchar una sonata
Que las plantas de mercurio dividan en partes iguales la tabla de los elementos
mientras la sopa del mar se cocina a mitad del desierto donde los cactus rocíen de sal la arena
Que venga la noche en que las sombras sean más intensas que las miradas de los gatos
y el negro que proyecten asuste la oscuridad y encienda la hoguera para comer bombones
Que llegue el día en que la semana sea domingo al amanecer y se destape la resaca de la fiesta
las metáforas sean gotas de cristal
y los niños jueguen canicas al encontrarlas
Que en las hojas de los tréboles se tatúe el sol
y en los caracoles galaxias donde exista la danzas como posgrado;
las hojas de los arboles escriban en su piel las biografías de sus ancestros
que hagan una tala inmoderada de pieles hasta que el remordimiento los transforme en plantas artificiales.
Llegará el día en que un suspiro abrirá los ojos del jardín de terciopelo negro
las libélulas soñarán con ser crisálidas
se arroparán con el saco de la primavera desde adentro de los remolinos.
Quiero que llegue el día,
que sea pronto
para vestir de con encajes y alforjas de seda a los planetas
y bordar en las mañanas la frente de las estaciones del año.
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