Eso que dicen los poetas, algo debe de ser cierto,
no pueden seguir gastar letras ni hacerse de más crédito
ni seguir empeñando palabras en el banco de la ilusión
Soñé que un día vendría un vendaval de algodón y devoraría el mundo,
se comería a mi tía y partiría en dos el libro de matemáticas;
un trozo lo haría fácil de resolver
y el otro estaría en blanco para dejar recados.
Nada de eso sucedió,
no hubo ni un ventarrón de dulces
ni los chicos que siempre odié se fueron a vivir a otro planeta
Tampoco salió de la cabecera de mi cama
un pergamino con el tesoro a mitad del patio
ni vi jamás cruzar la esquina
un bisonte amarillo como aquellos que tatuaba en las libretas
con pijama incluida en el regazo
Las hojas de los cuadernos
nunca pudieron hacerse memorias externas de computadoras
siempre llegaban a un fin.
Por acuerdo general, proclamaban la guerra al vacío
y terminaban siendo flotas aéreas o naves trasatlánticas
cruzando los charcos de la calle.
Nunca vía caer del cielo
el Maná que profetizaba mi abuela
que algún día nos alcanzaría a todos
ni mucho menos galletas MacMa
que duraban en mis manos lo mismo que un cambio de canal cualquier tarde aburrida con tv de 70 canales con infomerciales de por medio.
Jamás apareció volando El Capitán Cavernícola, superhéroe por antonomasia
ni aún tomando malteada recargaría mis energías para levantar mi mundo.
Lo cierto es, como dicen y hacen los poetas con la poesía
la mágica razón para sentirse menos enfadados con el mundo
a la hora de arrastrar la letra
algo han de tener razón mientras el sueño en esta hoja no termina.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario