Estas ahí
en los brazos de los ríos
que tienen como asilo un crucifijo de cristal
dentro de una burbuja a mitad del mar
a un lado de la cama
en los límites de la siguiente página
contando la mitología de las estrellas
como las lámparas de luz fugas
retorciendo con palabras
el pasado y el presente cortado con el filo de la espalda
en vocales germinadas en papel
en el poema luminoso de luciérnagas
en los acertijos de la tarde
en las ciudades que levantan los electrocardiogramas
en el puerto con salida al borde de los labios
en el remitente de oraciones cortas
en los corazones contritos de escritura táctil
en los laberintos de las huellas de las manos
en las hojas y en los alfabetos de los árboles
en el ovillo de hilo de Ariadna
en la bóveda celeste pintada de amarillo
en el trópico gélido de la aritmética
similar a la barrera de coral sin agua
en la llovizna furtiva del Sahara
en la sordera de la fe
en la arquitectura de los cuerpos
copulando a media alcoba
en la coreografía de las plantas
en el sueño de la luz
en la rebeldía de los relojes que no se detienen
formas con siluetas la trampa del equinoccio
estas en la alforja de frases del poeta
en las mareas y las barcazas.
Al cerrarse las puertas de otros mundos
al fin de las lecturas en cenizas
al concluir la ronda de la luna
en los juegos de los niños
estarás ahí
en los suspiros y las frases rojas
en la sombra de esta prosa.
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