lunes, 3 de noviembre de 2014

Por los desaparecidos

Esta es la historia de una izquierda agónica, de una derecha obscena y del oficialismo de Los Pinos putrefacto. Ellos, los ungidos por el poder mediáticamente soberano, siguen pretendiendo alcanzar indulgencia para expiarse de culpas, pero hace tiempo dejaron de ser partidos representativos.

En este caso, la renuncia pide su renuncia antes de aparecer en una selfie en Iguala o redimir en hashtag la bendición del oportunismo desmesurado en cadena nacional.

En México al silencio se lo comen los gusanos en fosas clandestinas con formas caprichosas de la República mexicana. En tanto, el reloj sigue su marcha salpicado a cada minuto sangre si dar tregua a los curiosos y a las instituciones en todos los puntos de la geografía patria.

Un día más, una hora más, otro expediente más y mientras, todos hacen antesala sin encontrar la salida. El rompecabezas de la historia usa palabras de burócratas jugando al ping pong y los noticiarios empeñan el escándalo en tanto reciben otra orden.

Nada, aún nadie es culpable. Nadie tras las rejas, nadie purga la condena más que social todos son presuntos liberados de una borrachera que terminó  en trifulca partidista desde la alternancia.

Aquí en medio del charco (de sangre) hay una isla de impunidad donde todos tienen acceso preferencial  a meses con intereses.

 Dónde buscar, todo está sobre la tierra. A caso la dignidad del pueblo también necesita de la inversión extranjera para hacer perforaciones en aguas profundas, o los ecos de las escuelas y universidades se intercalan como cortinillas en el prime time mientras no haya cosa menos trascendente que agotar.

No nos perturbemos, las montañas suelen confundir, no son sólo rocas, son cuerpos apilados cubiertos por tierra en el mejor de los casos. Sueño desollados de jóvenes que jamás han importado. No son trascendentes, no fotografían bien para la telenovela de las 9 de la noche.

Que vayan todos a sus casas, dicen, “aquí no pasa nada”. Qué más da si aparecen otras fosas, esos cuerpos también pasarán lista en pocos años al olvido, se irán sumando a la cadena de agravios  de la historia negra que un día la noche habrá de cubrir, serán estadística del país trasexenal y del progreso económico de un país que se mueve.

El eco suena en calles y plazas va tomando forma como tratando de unir los cuerpos mutilados, las familias desunidas, los cuerpos humillados por la banda tricolor. Habrá otro día para la marcha, la pancarta al aire, gesticulaciones del enfado.  Habrá otro día para la dignidad y el repudio y saldrá una vez más a tomar el zócalo. Allá no muy lejos,  gobierno, sociedad, partidocracia darán rienda suelta a la censura aliviando paraísos porque  ante la duda de los vivos habrá otros tantos que estarán muertos  y habrá otros que por los muertos seguirán jugando volados  para seguir  por dignidad vivos.

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