Esta
es la historia de una izquierda agónica, de una derecha obscena y del oficialismo
de Los Pinos putrefacto. Ellos, los ungidos por el poder mediáticamente soberano,
siguen pretendiendo alcanzar indulgencia para expiarse de culpas, pero hace tiempo
dejaron de ser partidos representativos.
En
este caso, la renuncia pide su renuncia antes de aparecer en una selfie en Iguala o redimir en hashtag la bendición del oportunismo desmesurado
en cadena nacional.
En
México al silencio se lo comen los gusanos en fosas clandestinas con formas
caprichosas de la República mexicana. En tanto, el reloj sigue su marcha
salpicado a cada minuto sangre si dar tregua a los curiosos y a las
instituciones en todos los puntos de la geografía patria.
Un
día más, una hora más, otro expediente más y mientras, todos hacen antesala sin
encontrar la salida. El rompecabezas de la historia usa palabras de burócratas
jugando al ping pong y los noticiarios empeñan el escándalo en tanto reciben
otra orden.
Nada,
aún nadie es culpable. Nadie tras las rejas, nadie purga la condena más que
social todos son presuntos liberados de una borrachera que terminó en trifulca partidista desde la alternancia.
Aquí
en medio del charco (de sangre) hay una isla de impunidad donde todos tienen
acceso preferencial a meses con
intereses.
Dónde buscar, todo está sobre la tierra. A
caso la dignidad del pueblo también necesita de la inversión extranjera para
hacer perforaciones en aguas profundas, o los ecos de las escuelas y
universidades se intercalan como cortinillas en el prime time mientras no haya
cosa menos trascendente que agotar.
No
nos perturbemos, las montañas suelen confundir, no son sólo rocas, son cuerpos
apilados cubiertos por tierra en el mejor de los casos. Sueño desollados de jóvenes
que jamás han importado. No son trascendentes, no fotografían bien para la
telenovela de las 9 de la noche.
Que
vayan todos a sus casas, dicen, “aquí no pasa nada”. Qué más da si aparecen otras
fosas, esos cuerpos también pasarán lista en pocos años al olvido, se irán
sumando a la cadena de agravios de la
historia negra que un día la noche habrá de cubrir, serán estadística del país
trasexenal y del progreso económico de un país que se mueve.
El
eco suena en calles y plazas va tomando forma como tratando de unir los cuerpos
mutilados, las familias desunidas, los cuerpos humillados por la banda
tricolor. Habrá otro día para la marcha, la pancarta al aire, gesticulaciones
del enfado. Habrá otro día para la dignidad
y el repudio y saldrá una vez más a tomar el zócalo. Allá no muy lejos, gobierno, sociedad, partidocracia darán rienda
suelta a la censura aliviando paraísos porque ante la duda de los vivos habrá otros tantos
que estarán muertos y habrá otros que
por los muertos seguirán jugando volados para seguir por dignidad vivos.
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