viernes, 27 de junio de 2014

Je me souviens

En mi caso las sombras tienen la palabra; los días nublados como hoy le dan la razón. Si hacen mutis es porque se esconden bajo los zapatos y son humareda sin que nadie los detenga. Se conocen entre sí aunque no crucen palabra, hablan a contra luz, manejan la omnipresencia como don, son impredecibles, el movimiento es su regla.

He visto que caminan a hurtadillas sin levantar el polvo. Usan ropa transparente imitando al viento y se deshacen de sus prendas sin el menor aviso, no les importa la hora, ni el lugar son como aliento sin que nada los contenga, caprichosas figuras igual a las nubes.

Al finalizar octubre lucen robustas más que otros meses de forma que los focos en las calles palidecen junto a ellas. Son al mismo tiempo un vaso de cristal visto a través del agua. Soledad en medio de soledades cercanas.

Ayer por la tarde salieron, bajaron las escaleras de la casa y encontraron a la lluvia, iban de un lado a otro subiendo las aceras hasta perderse entre los árboles. Aunque no lo parezca son independientes del cuerpo y entran poco a poco a él a la hora de dormir. Sueñan con tener alas, ganar peso aunque el viento no las levante.

Ubican de memoria las calles por donde ha pasado el chico que me gusta. Reconocen las pisadas y adivinan el vestido que usará la noche, además, no se alarman si se va la luz. Las sombras son fluidos sobre pavimento, apologías del  cuerpo sin discurso, cortinas tendidas en escala de grises.

Pese a los años están ahí en la negación de lo corpóreo, no dan consejos, la sabiduría es sutil igual a su silencio.



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