Decidí saltar el cerco antes que la niebla segara todo,
no había otra opción, el cielo se venia sobre mi espalda, arrullaba la tierra, comia el aire y las plantas se regocijaban con un aroma de ligereza que de vez en cuando suele con tristeza arritar su forma.
Salte la barda, y no no vi nada atrás,
estaba agitado
el aire fresco,
la calma de un día aburrido
y las nubes entramadas a ras de suelo comiendose el tiempo.
No di cuenta de la barda que salte,
no se si estuvo antes de verla
no sé siquiera si era necesaria,
pero salte la barda antes que quedarme inmovil.
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