miércoles, 24 de agosto de 2011

Protégeme de lo que deseo

Cada noche que la mirada es de ambos
y la calle un río de luz
no cabe el frio en el cuerpo
es esquirla en la sangre
torrente perfumado con saliva

Protégeme tiempo de caminar a oscuras
en las pupilas de tus ojos
esquivando la ropa ajustada donde caben las siluetas de la noche

Protégeme
porque en las aceras se desvisten las pasiones rotas
las estatuas en movimiento
protégeme al subir a un carro sin dirección
caminando a oscuras, devorando el alma

Protégeme antes que la sombra se vuelva cuerpo
y los labios rocen la palabra beso
detén la lluvia para estar contigo,
no quites los listones que viste la fantasía
que la ropa no ceda a la batalla
como el fuego devora el campo

Si dos que se encuentran
apuestan en papel la distancia más próxima
la voz desnuda las imágenes a media luz
protégeme de no tener alas para escribir el viento
que no disfracen los números del teléfono la soledad

Aléjame de ver el mundo
con luces color neón
asomando a la ventana de los roces
en la parte fría de los cuartos
donde salen alas a los niños que pierden calidez en su interior
en la banca donde las promesas son ramos de girasoles
que viran a la luna para soñar con ella

Borra la sonrisa al aparecer como invención
del cuerpo que anida en su centro
los tesoros del universo
intactos como los astros en las galaxias
ocultos como la fe

Cerca del cielo
lo más alto que los pasos llegan
el blanco y negro de la luz perfuma todo
los colores estorban,
la piel es una tentación a la oscuridad
protégeme del momento más próximo
que construye con frases el paraíso
en medio del aire ambos
prestos a pintar confesiones intangibles
en los lienzos de la sábana

Protégeme de la respiración al oído
del descubrimiento del edén con las palmas de las manos
de las montañas que se forman en la cama
cuando la alcoba es un desierto habitado por placeres
las paredes galerías sin futuro
tatuadas con placebos curando el silencio
libros y poemas contemplando la lujuria

Protégeme,
tu arete no soporta los murmullos en mi espalda
ni el tatuaje el permiso a las tentaciones
protégeme,
que la cercanía no sea el pretexto para alejarse
que el corazón no se acelere
que las manos no sean mares
que no quiera besar la sombra
que desatar el incendio no sea negar el cielo
que entre ambos no exista horizonte que no sea el cuerpo

Protégeme de lo que deseo
que en el último momento terminemos abrazados
en la postura indivisible del sueño de alquimistas
reflejando el cuerpo en el espejo de los ojos
los dos, ambos
antes que termine la noche
antes de partir para no volver a vernos
hasta que llegue el día
que seamos deseo.

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